Deseos que no roban la felicidad

La capacidad de disfrutar de lo que tengo en este momento no está reñida con el seguir sosteniendo los deseos y pensamientos y trabajando en aquellas metas que me he propuesto.

Digamos, por ejemplo que alguien está esperando ser padre y su ilusión es tener un niño (varón) y viene una niña. Nadie se imagina que no va a disfrutar perfectamente igual con la niña. Pero, ¿Qué hará el hombre? Seguirá haciendo el amor con su mujer para ir a por el niño. Disfrutará de ambas cosas: de lo que la vida le ha dado y de lo que va haciendo para conseguir lo que espera.

Vale, me dirás, “has puesto el ejemplo fácil, cuando la Vida te da algo más hermoso que lo que tu estabas esperando, pero ¿Qué pasa si la vida te da una enfermedad incurable, la muerte “prematura”, una separación, un abandono…?”

 

En estos casos, cuando la “realidad” es superior a lo que la fe puede soportar, hay varias opciones. La primera, la natural y lógica es enfadarse con Dios o con la Vida o con uno mismo (¡son el mismo!) y dejar que el rencor y la indignación se apoderen de la mente de uno. Esto generará más materia y “realidad” en esta misma dirección. Es una ley universal, cuando la mente humana, sostiene un pensamiento dentro de la Mente Universal, este pensamiento se va materializando según la intensidad y duración del mismo. Como ocurre muy dilatado en el tiempo no lo asociamos de forma natural, pero ocurre.

La segunda opción es confiar en que la Vida, la Providencia, El Universo, Dios… sabe lo que hace y que lo que me sucede tiene un propósito o al menos un porqué.

La tercera opción (que no excluye la anterior) es comprender. Llegar a saber porqué ha sucedido tal cosa. La comprensión es buena, pero aún no es la clave.
Si ves la flor como si muriera, la veras con tristeza. No obstante, si ves la flor como parte de un árbol completo que está cambiando y que pronto dará frutos, verás la verdadera belleza de la flor. Cuando comprendas que el florecer y marchitar de la flor es una señal de que el árbol está listo para dar frutos, entonces comprenderás la vida.” (Neale Donald Walsch)

La siguiente opción es, en mi humilde opinión, la clave de la vida: ¡QUÉ!  

¿Qué voy ha hacer con esto?

Puedo creer que he sido creado a imagen de Dios y soy un ser creador, por lo que, al menos, puedo intentar cambiar las cosas. Puedo decidir no rendirme y usar lo que SI tengo. Puedo aceptar que las cosas que nos suceden en esta vida no son las verdaderamente importantes, pues son pasajeras. Hay una vida más allá de la vida, en la cual venimos trabajando desde hace mucho. Si lo que me ha venido me hace despertar, bienvenido sea.