Sembrar, sembrar, sembrar y cosechar

“Como piensa el hombre en su corazón, tal es él”  (Proverbios)

Lo que llena nuestros pensamientos, nuestro corazón, es lo que acabamos manifestando en el exterior. Claro que no podemos esperar resultados inmediatos, si todo lo que el  hombre deseara se cumpliera, estaríamos perdidos. Se trata, como siempre, de sembrar primero.

La ley de la cosecha es cosechar más de lo que se siembra. Siembra un acto, y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosechas un carácter. Sembrar un carácter y cosechas un destino. (James Allen)

Ese momento frustrante

La reacción natural a situaciones en las que nos sentimos abusados es la frustración, el rencor, la venganza…. Es natural. Pero la experiencia es la forma que Dios quiere para enseñarnos.

Cuando una situación difícil viene a mi vida he de verla como el taller del Espíritu Santo trabajando en mí y colaborar en mi ascensión a la vida.

El mensaje de Jesús es perdonar; amar y perdonar, no solo a las personas sino a las situaciones también. 

Cada situación que he de perdonar, solo es una proyección de un área de mi mismo que Cristo quiere sanar y me la está mostrando para que la perdone. No estoy diciendo que hay que dejar que abusen de uno, digo de no guardar rencor y pensar que es una situación para curarme.

Cuando perdono me estoy curando. Cuando perdono estoy eligiendo la forma de pensar del Espíritu Santo en lugar de la forma de pensar del mundo.  Cuando elijo pensar como Cristo mi mente se hace más uno con El.

El caballo delante del carro, por favor.

Un error común que se produce al estudiar metafísica y aprender las leyes que rigen el universo, es caer en la tentación de poner el carro delante del caballo. Me explico: Muchos son los que enseñan cómo comprender las leyes espirituales metafísicas y sacarles partido en beneficio propio y en el de los que nos rodean. La ley de atracción, el pensamiento positivo, las declaraciones de prosperidad, dar para recibir… etc. Esto no es malo en si mismo, solo es inteligencia. Pero muy pocos los que plantean que el propósito de nuestra existencia aquí, es regresar a Dios. Todo lo demás es en vano porque  de nada serviría toda la abundancia si uno tuviera una enfermedad mortal, por ejemplo.

Así, primero, el ser humano debe reconciliarse con Dios y llegar a la convicción que este  mundo es efímero y no es el propósito de nuestro existir. Que aunque tuviera todo el oro del mundo no es comparable con ser consciente de que soy uno con Dios. Por eso dice: “Busca primero el Reino de Dios y lo demás te será añadido”.

Pienso que éste es el orden bueno.

Dicho esto aquí va una bonita y práctica declaración para el día de hoy:

 

Hoy manifiesto prosperidad, porque pienso en prosperidad.

Apruebo mi presente, sé que voy a tener un futuro aún mejor

Pienso y Agradezco la vida de prosperidad Y atraigo riquezas en abundancia.

Visualizo mis deseos una y otra vez y materializo, ellos se hacen reales ahora, los recibo ahora, siento gozo y felicidad, porque todo lo que me propongo se materializa…

Visualizo éxitos y recibo éxitos en abundancia, de todas partes.

Soy el creador/ la creadora de mi universo de prosperidad.

Determino mi deseo y éste se materializa en mi vida

Me trato con mucho amor, como quiero que me traten los demás…. Como yo les trato a ellos.

Lleno mi interior en plenitud….

Ahora puedo comenzar a manifestar la prosperidad.

Pienso en las personas que amo, pienso y me concentro en las personas que me rodean y ellos están cambiando, cada día hay mayor entendimiento y bienestar.

Hoy me siento sano/ sana, estoy fuerte, tengo salud en abundancia, puedo hacer de todo y no me canso.

Mi mente también está renovada y tengo ideas nuevas de éxito.

Tenemos un propósito

Una canción que nunca se canta, una campana que no retiñe, un libro que no se lee… carecen de razón de existencia, porque todo cobra verdadero sentido cuando cumple con el propósito para el que ha sido creado:-)

Puedo engañarme a mi mismo diciendo “el  libro queda bonito en la estantería” pero sé que no es la verdad.  Del mismo  modo, nosotros hemos sido creados con un propósito:

«No me elegisteis vosotros a mí,  sino que yo os elegí a vosotros,  y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto,  y vuestro fruto permanezca;  para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre,  él os lo dé. Esto os mando:  Que os améis unos a otros.» (Jesús. libro de San Juan, capitulo 15)

El fruto del cristiano es: Poder, “todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre,  él os lo dé” y Amor, “Esto os mando:  Que os améis unos a otros”

Por el amor de Jesús es que entramos en el Cielo. El amor corrige las faltas y cubre los pecados. Por medio del amor es que avanzamos en el camino y vivimos libres del mal.

Religión vs tolerancia

La religión siempre se ha caracterizado por la fuerte convicción de las ideas y el convencimiento de que hay que creer firmemente y no dudar, lo cual no es malo en sí mismo mientras no  se pervierta en intolerancia.

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo,  sino para que el mundo sea salvo por él.” (San Juan Capítulo 3)

Ying-Yang

El ying-yang es un concepto que podemos ver en el universo creado. Si observas, lo verás por todas partes. Mira la definición del ying-yang en la Wikipedia: “…dos fuerzas fundamentales aparentemente opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. En todo se sigue este patrón: luz/oscuridad, sonido/silencio, calor/frío, movimiento/quietud, vida/muerte, mente/cuerpo, masculino/femenino…”.

Pero este concepto surgió de la loca idea de la individualidad. El hombre (el Ego) quería tener un poquito de independencia  y lo consiguió, entonces,  se separó de Dios y comenzó a perder el recuerdo de cómo era estar unido con Dios y apareció la dualidad. Pero en Dios no hay dualidad. En El hay Unidad y nada más. En El solo existe la luz, el perdón, el bien, el humano (no hay hombre/ mujer, al principio era solo uno y volveremos a ser solo uno). La dualidad no es algo que exista en Dios. No fue creada por Dios sino por el Ego del hombre (porque la mente del hombre puede crear). La caída del hombre no comenzó cuando Eva comió del  fruto prohibido sino cuando el hombre decidió pedirle a Dios que lo separara en hombre y mujer. Ese fue el comienzo.