Perdonar, sobre todo y no juzgar

El otro día me enviaron una fotografía en la que se ve a un bebé en el cubo de la basura. La imagen producía una profunda sensación de tristeza y desamparo y cuanto más la miraba más ira y odio sentía hacia la persona que había sido capaz de hacer tal cosa. Es duro ver este tipo de imágenes y mi primera reacción fue de condenación. Pero el Espíritu Santo comenzó a susurrarme otra manera de enfocarlo y mi forma de pensar cambió. “…No debes perder de vista cual es el propósito…”

Supongamos:

Cabe la posibilidad que quien lo dejó ahí tuviera un trastorno psicológico grave porque su infancia estuvo siendo violada por su padre y eso estropeo su percepción de las cosas (es un suponer, pues no sabemos que hay detrás de cada vida, de cada acción)

Por eso no debemos juzgar, sino perdonar. Ya se que es difícil perdonar algo así, pero aun la muerte pertenece a Dios.

Este tipo de imágenes nos las da el mundo, el amo del mundo quiero decir, para que caigamos en la tentación de condenar y de odiar. Quienes sabemos lo que motivo a Cristo para dar su vida en la cruz, debemos amar y más allá, perdonar, aun a los malvados. Ese niño estaba predestinado a nacer y morir en ese momento y en esas circunstancias por increíble que nos parezca. Ya sabes que ni una sola hoja cae del árbol sin el consentimiento de Dios. Esa aparente muerte estaba autorizada por Dios y debía de suceder. Recemos por la persona que hizo tal acción aun en contra del instinto más natural, pues estará viviendo un verdadero infierno y Dios quiere salvarle.

El padre Nuestro (1)

El padre Nuestro:

Primera afirmación: “Padre nuestro que estás en los Cielos”

Todo buen padre, trata de que sus hijos no sufran y no les falte nada. Si el padre es rico, les dará todo lo bueno que tiene sin malcriarlos. Estar en los Cielos es una condición de perfecta dicha en todos los sentidos. Si el padre es tan dichoso, tan perfecto, tan opulento, que vive y permanece “en los cielos”, es seguro, que desea lo mismo para sus hijos. Esta es la idea contenida en las palabras “Padre nuestro que estás en los cielos”. Tómala, medítala y ÚSALA en todas las circunstancias de tu vida. Como es la Verdad, ella te hará libre.

 Al pronunciar las dos palabras “PADRE NUESTRO”, estarás admitiendo, confesando, y afirmando que el Padre tuyo es también el de todos. Estarás admitiendo, confesando y afirmando que todos somos hermanos.

El hijo es de la misma naturaleza que el padre. Si el padre es Espíritu divino con todos los dones y poderes; si vive en estado de gracia, por lo cual todo lo que desea, idea, afirma o decreta se manifiesta al instante, el hijo participa de su misma sangre, naturaleza, dones y poderes. No puede ser de otra manera.