El Nuevo Pensamiento es una forma de ver la vida y de vivir la espiritualidad de una forma libre y tolerante sin ataduras religiosas ni doctrinas fundamentalistas. Es una forma de espiritualidad occidental con incorporaciones de la espiritualidad oriental y la ciencia moderna.
Es una intención de crear nuestro presente, disfrutar de la vida atendiendo las distintas áreas que forman nuestro ser, a saber: Física, Mental, Emocional y Espiritual.

Sembrar, sembrar, sembrar y cosechar

“Como piensa el hombre en su corazón, tal es él”  (Proverbios)

Lo que llena nuestros pensamientos, nuestro corazón, es lo que acabamos manifestando en el exterior. Claro que no podemos esperar resultados inmediatos, si todo lo que el  hombre deseara se cumpliera, estaríamos perdidos. Se trata, como siempre, de sembrar primero.

La ley de la cosecha es cosechar más de lo que se siembra. Siembra un acto, y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosechas un carácter. Sembrar un carácter y cosechas un destino. (James Allen)

Ese momento frustrante

La reacción natural a situaciones en las que nos sentimos abusados es la frustración, el rencor, la venganza…. Es natural. Pero la experiencia es la forma que Dios quiere para enseñarnos.

Cuando una situación difícil viene a mi vida he de verla como el taller del Espíritu Santo trabajando en mí y colaborar en mi ascensión a la vida.

El mensaje de Jesús es perdonar; amar y perdonar, no solo a las personas sino a las situaciones también. 

Cada situación que he de perdonar, solo es una proyección de un área de mi mismo que Cristo quiere sanar y me la está mostrando para que la perdone. No estoy diciendo que hay que dejar que abusen de uno, digo de no guardar rencor y pensar que es una situación para curarme.

Cuando perdono me estoy curando. Cuando perdono estoy eligiendo la forma de pensar del Espíritu Santo en lugar de la forma de pensar del mundo.  Cuando elijo pensar como Cristo mi mente se hace más uno con El.

El caballo delante del carro, por favor.

Un error común que se produce al estudiar metafísica y aprender las leyes que rigen el universo, es caer en la tentación de poner el carro delante del caballo. Me explico: Muchos son los que enseñan cómo comprender las leyes espirituales metafísicas y sacarles partido en beneficio propio y en el de los que nos rodean. La ley de atracción, el pensamiento positivo, las declaraciones de prosperidad, dar para recibir… etc. Esto no es malo en si mismo, solo es inteligencia. Pero muy pocos los que plantean que el propósito de nuestra existencia aquí, es regresar a Dios. Todo lo demás es en vano porque  de nada serviría toda la abundancia si uno tuviera una enfermedad mortal, por ejemplo.

Así, primero, el ser humano debe reconciliarse con Dios y llegar a la convicción que este  mundo es efímero y no es el propósito de nuestro existir. Que aunque tuviera todo el oro del mundo no es comparable con ser consciente de que soy uno con Dios. Por eso dice: “Busca primero el Reino de Dios y lo demás te será añadido”.

Pienso que éste es el orden bueno.

Dicho esto aquí va una bonita y práctica declaración para el día de hoy:

 

Hoy manifiesto prosperidad, porque pienso en prosperidad.

Apruebo mi presente, sé que voy a tener un futuro aún mejor

Pienso y Agradezco la vida de prosperidad Y atraigo riquezas en abundancia.

Visualizo mis deseos una y otra vez y materializo, ellos se hacen reales ahora, los recibo ahora, siento gozo y felicidad, porque todo lo que me propongo se materializa…

Visualizo éxitos y recibo éxitos en abundancia, de todas partes.

Soy el creador/ la creadora de mi universo de prosperidad.

Determino mi deseo y éste se materializa en mi vida

Me trato con mucho amor, como quiero que me traten los demás…. Como yo les trato a ellos.

Lleno mi interior en plenitud….

Ahora puedo comenzar a manifestar la prosperidad.

Pienso en las personas que amo, pienso y me concentro en las personas que me rodean y ellos están cambiando, cada día hay mayor entendimiento y bienestar.

Hoy me siento sano/ sana, estoy fuerte, tengo salud en abundancia, puedo hacer de todo y no me canso.

Mi mente también está renovada y tengo ideas nuevas de éxito.

Religión vs tolerancia

La religión siempre se ha caracterizado por la fuerte convicción de las ideas y el convencimiento de que hay que creer firmemente y no dudar, lo cual no es malo en sí mismo mientras no  se pervierta en intolerancia.

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo,  sino para que el mundo sea salvo por él.” (San Juan Capítulo 3)

Tenemos un propósito

Una canción que nunca se canta, una campana que no retiñe, un libro que no se lee… carecen de razón de existencia, porque todo cobra verdadero sentido cuando cumple con el propósito para el que ha sido creado:-)

Puedo engañarme a mi mismo diciendo “el  libro queda bonito en la estantería” pero sé que no es la verdad.  Del mismo  modo, nosotros hemos sido creados con un propósito:

«No me elegisteis vosotros a mí,  sino que yo os elegí a vosotros,  y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto,  y vuestro fruto permanezca;  para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre,  él os lo dé. Esto os mando:  Que os améis unos a otros.» (Jesús. libro de San Juan, capitulo 15)

El fruto del cristiano es: Poder, “todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre,  él os lo dé” y Amor, “Esto os mando:  Que os améis unos a otros”

Por el amor de Jesús es que entramos en el Cielo. El amor corrige las faltas y cubre los pecados. Por medio del amor es que avanzamos en el camino y vivimos libres del mal.

Ying-Yang

El ying-yang es un concepto que podemos ver en el universo creado. Si observas, lo verás por todas partes. Mira la definición del ying-yang en la Wikipedia: “…dos fuerzas fundamentales aparentemente opuestas y complementarias, que se encuentran en todas las cosas. En todo se sigue este patrón: luz/oscuridad, sonido/silencio, calor/frío, movimiento/quietud, vida/muerte, mente/cuerpo, masculino/femenino…”.

Pero este concepto surgió de la loca idea de la individualidad. El hombre (el Ego) quería tener un poquito de independencia  y lo consiguió, entonces,  se separó de Dios y comenzó a perder el recuerdo de cómo era estar unido con Dios y apareció la dualidad. Pero en Dios no hay dualidad. En El hay Unidad y nada más. En El solo existe la luz, el perdón, el bien, el humano (no hay hombre/ mujer, al principio era solo uno y volveremos a ser solo uno). La dualidad no es algo que exista en Dios. No fue creada por Dios sino por el Ego del hombre (porque la mente del hombre puede crear). La caída del hombre no comenzó cuando Eva comió del  fruto prohibido sino cuando el hombre decidió pedirle a Dios que lo separara en hombre y mujer. Ese fue el comienzo.

El despertar de una nueva conciencia

El despertar de una nueva conciencia, Extracto del nuevo libro de Erckhart Tolle Una nueva tierra

El despertar de una nueva conciencia
En la mayoría de las tradiciones religiosas y espirituales antiguas existe la noción común de que el estado «normal» de nuestra mente está marcado por un defecto fundamental. Sin embargo, de esta noción sobre la naturaleza de la condición humana (las malas noticias) se deriva una segunda noción: la buena nueva de una posible transformación radical de la conciencia humana. En las enseñanzas del hinduismo (y también en ocasiones del budismo), esa transformación se conoce como iluminación. En las enseñanzas de Jesús, es la salvación y en el budismo es el final del sufrimiento. Otros términos empleados para describir esta transformación son los de liberación y despertar.
El logro más grande de la humanidad no está en sus obras de arte, ciencia o tecnología, sino en reconocer su propia disfunción, su locura. Algunos individuos del pasado remoto tuvieron ese reconocimiento. Un hombre llamado Gautama Siddhartha, quien vivió en la India hace 2.600 años, fue quizás el primero en verlo con toda claridad. Más adelante se le confirió el título de Buda. Buda significa «el iluminado». Por la misma época vivió en China otro de los maestros iluminados de la humanidad. Su nombre era Lao Tse. Dejó el legado de sus enseñanzas en el Tao Te Ching, uno de los libros espirituales más profundos que haya sido escrito.
Reconocer la locura es, por su puesto, el comienzo de la sanación y la trascendencia. En el planeta había comenzado a surgir una nueva dimensión de conciencia, un primer asomo de florescencia. Esos maestros les hablaron a sus contemporáneos. Les hablaron del pecado, el sufrimiento o el desvarío. Les dijeron, «Examinen la manera cómo viven. Vean lo que están haciendo, el sufrimiento que están creando». Después les hablaron de la posibilidad de despertar de la pesadilla colectiva de la existencia humana «normal». Les mostraron el camino.
El mundo no estaba listo para ellos y, aún así, constituyeron un elemento fundamental y necesario del despertar de la humanidad. Era inevitable que la mayoría de sus contemporáneos y las generaciones posteriores no los comprendieran. Aunque sus enseñanzas eran a la vez sencillas y poderosas, terminaron distorsionadas y malinterpretadas incluso en el momento de ser registradas por sus discípulos. Con el correr de los siglos se añadieron muchas cosas que no tenían nada que ver con las enseñanzas originales sino que reflejaban un error fundamental de interpretación. Algunos de esos maestros fueron objeto de burlas, escarnio y hasta del martirio. Otros fueron endiosados. Las enseñanzas que señalaban un camino que estaba más allá de la disfunción de la mente humana, el camino para desprenderse de la locura colectiva, se distorsionaron hasta convertirse ellas mismas en parte de esa locura.
Fue así como las religiones se convirtieron en gran medida en un factor de división en lugar de unión. En lugar de poner fin a la violencia y el odio a través de la realización de la unicidad fundamental de todas las formas de vida, desataron más odio y violencia, más divisiones entre las personas y también al interior de ellas mismas. Se convirtieron en ideologías y credos con los cuales se pudieran identificar las personas y que pudieran usar para amplificar su falsa sensación de ser. A través de ellos podían «tener la razón» y juzgar «equivocados» a los demás y así definir su identidad por oposición a sus enemigos, esos «otros», los «no creyentes», cuya muerte no pocas veces consideraron justificada. El hombre hizo a «Dios» a su imagen y semejanza. Lo eterno, lo infinito y lo innombrable se redujo a un ídolo mental al cual había que venerar y en el cual había que creer como «mi dios» o «nuestro dios».
Y aún así… a pesar de todos los actos de locura cometidos en nombre de la religión, la Verdad hacia la cual esos actos apuntan, continúa brillando en el fondo, pero su resplandor se proyecta tenuemente a través de todas esas capas de distorsiones e interpretaciones erradas. Sin embargo, es poco probable que podamos percibirlo a menos de que hayamos podido aunque sea vislumbrar esa Verdad en nuestro interior. A lo largo de la historia han existido seres que han experimentado el cambio de conciencia y han reconocido en su interior Aquello hacia lo cual apuntan todas las religiones. Para describir esa Verdad no conceptual recurrieron al marco conceptual de sus propias religiones.
Gracias a algunas de esas personas, al interior de todas las religiones principales se desarrollaron «escuelas» o movimientos que representaron no solamente un redescubrimiento sino, en algunos casos, la intensificación de la luz de la enseñanza original. Fue así como apareció el gnosticismo y el misticismo entre los primeros cristianos y durante la Edad Media, el sufismo en el Islam, el jasidismo y la cábala en el judaísmo, el vedanta advaita en el hinduismo, y el Zen y el Dzogchen en el budismo. La mayoría de estas escuelas eran iconoclastas. Eliminaron una a una todas las capas sofocantes de la conceptualización y las estructuras de los credos mentales, razón por la cual la mayoría fueron objeto de suspicacia y hasta de hostilidad de parte de las jerarquías religiosas establecidas. A diferencia de las religiones principales, sus enseñanzas hacían énfasis en la realización y la transformación interior. Fue a través de esas escuelas o movimientos esotéricos que las religiones recuperaron el poder transformador de las enseñanzas originales, aunque en la mayoría de los casos solamente una minoría de personas tuvieron acceso a ellas. Nunca fueron suficientes en número para tener un impacto significativo sobre la profunda inconsciencia colectiva de las mayorías. Con el tiempo, algunas de esas escuelas desarrollaron unas estructuras formales demasiado rígidas o conceptualizadas como para permitirles conservar su vigencia.
Espiritualidad y religión
Cuál es el papel de las religiones convencionales en el surgimiento de la nueva conciencia? Muchas personas ya han tomado conciencia de la diferencia entre la espiritualidad y la religión. Reconocen que el hecho de tener un credo (una serie de creencias consideradas como la verdad absoluta) no las hace espirituales, independientemente de cuál sea la naturaleza de esas creencias. En efecto, mientras más se asocia la identidad con los pensamientos (las creencias), más crece la separación con respecto a la dimensión espiritual interior. Muchas personas «religiosas» se encuentran estancadas en ese nivel. Equiparan la verdad con el pensamiento y, puesto que están completamente identificadas con el pensamiento (su mente), se consideran las únicas poseedoras de la verdad, en un intento inconsciente por proteger su identidad. No se dan cuenta de las limitaciones del pensamiento. A menos de que los demás crean (piensen) lo mismo que ellas, a sus ojos, estarán equivocados; y en un pasado no muy remoto, habrían considerado justo eliminar a esos otros por esa razón. Hay quienes todavía piensan así en la actualidad.
La nueva espiritualidad, la transformación de la conciencia, comienza a surgir en gran medida por fuera de las estructuras de las religiones institucionalizadas. Siempre hubo reductos de espiritualidad hasta en las religiones dominadas por la mente, aunque las jerarquías institucionalizadas se sintieran amenazadas por ellos y muchas veces trataran de suprimirlos. La apertura a gran escala de la espiritualidad por fuera de las estructuras religiosas es un acontecimiento completamente nuevo. Anteriormente, esa manifestación habría sido inconcebible, especialmente en Occidente, cultura en la cual es más grande el predominio de la mente y en donde la Iglesia cristiana tenía prácticamente la franquicia sobre la espiritualidad. Era imposible pensar en dar una charla o publicar un libro sobre espiritualidad sin la venia de la Iglesia. Y sin esa venia, el intento era silenciado rápidamente. Pero ya comienzan a verse señales de cambio inclusive en el seno de ciertas iglesias y religiones. Realmente es alentador y gratificante ver algunas señales de apertura como el hecho de que Juan Pablo II visitara una mezquita y también una sinagoga.
Esto sucede en parte como resultado de las enseñanzas espirituales surgidas por fuera de las religiones tradicionales, pero también debido a la influencia de las enseñanzas de los antiguos sabios orientales, que un número creciente de seguidores de las religiones tradicionales pueden dejar de identificarse con la forma, el dogma y los credos rígidos para descubrir la profundidad original oculta dentro de su propia tradición espiritual, y descubrir al mismo tiempo la profundidad de su propio ser. Se dan cuenta de que el grado de «espiritualidad» de la persona no tiene nada que ver con sus creencias sino todo que ver con su estado de conciencia. Esto determina a su vez la forma como actúan en el mundo y se relacionan con los demás.
Quienes no logran ver más allá de la forma se encierran todavía más en sus creencias, es decir, en su mente. En la actualidad estamos presenciando un surgimiento sin precedentes de la conciencia, pero también el atrincheramiento y la intensificación del ego. Habrá algunas instituciones religiosas que se abrirán a la nueva conciencia mientras que otras endurecerán sus posiciones doctrinarias para convertirse en parte de todas esas otras estructuras forjadas por el hombre detrás de las cuales se ha de atrincherar el ego para «dar la pelea». Algunas iglesias, sectas, cultos o movimientos religiosos son básicamente entidades egotistas colectivas identificadas tan rígidamente con sus posiciones mentales como los seguidores de cualquier ideología política cerrada ante cualquier otra interpretación diferente de la realidad.
Pero el ego está destinado a disolverse, y todas sus estructuras osificadas, ya sea de las religiones o de otras instituciones, corporaciones o gobiernos, se desintegrarán desde adentro, por afianzadas que parezcan. Las estructuras más rígidas, las más refractarias al cambio, serán las primeras en caer. Esto ya sucedió en el caso del comunismo soviético. A pesar de cuán afianzado, sólido y monolítico parecía, al cabo de unos cuantos años se desintegró desde adentro. Nadie lo vio venir. A todos nos cayó por sorpresa. Y son muchas otras las sorpresas que nos esperan.
La urgencia de la transformación
La vida, ya sea de una especie o de una forma individual, muere, o se extingue, o se impone por encima de las limitaciones de su condición por medio de un salto evolutivo siempre que se ve enfrentada a una crisis radical, cuando ya no funciona la forma anterior de ser en el mundo o de relacionarse con otras formas de vida y con la naturaleza, o cuando la supervivencia se ve amenazada por problemas aparentemente insuperables.
Se cree que las formas de vida que habitan este planeta evolucionaron primero en el mar. Cuando todavía no había animales en la superficie de la tierra, el mar estaba lleno de vida. Entonces, en algún momento, alguna de las criaturas se aventuró a salir a la tierra seca. Quizás se arrastró primero unos cuantos centímetros hasta que, agobiada por la enorme atracción de la gravedad, regresó al agua donde esta fuerza prácticamente no existe y donde podía vivir con mayor facilidad. Después intentó una y otra vez hasta que, mucho después, pudo adaptarse a vivir en la tierra, desarrolló patas en lugar de aletas y pulmones en lugar de agallas. Parece poco probable que una especie se hubiera aventurado en semejante ambiente desconocido y se hubiera sometido a una transformación evolutiva a menos que alguna crisis la hubiera obligado a hacerlo. Quizás pudo suceder que una gran zona del mar hubiera quedado separada del océano principal y que el agua se hubiera secado gradualmente con el paso de miles de años, obligando a los peces a salir de su medioambiente y a evolucionar.
El desafío de la humanidad en este momento es el de reaccionar ante una crisis radical que amenaza nuestra propia supervivencia. La disfunción de la mente humana egotista, reconocida desde hace más de 2.500 años por los maestros sabios de la antigüedad y amplificada en la actualidad a través de la ciencia y la tecnología, amenaza por primera vez la supervivencia del planeta. Hasta hace muy poco, la transformación de la conciencia humana (señalada también por los antiguos sabios) era tan sólo una posibilidad a la cual tenían acceso apenas unos cuantos individuos aquí y allá, independientemente de su trasfondo cultural o religioso. No hubo un florecimiento generalizado de la conciencia humana porque sencillamente no era todavía una necesidad apremiante.
Una proporción significativa de la población del planeta no tardará en reconocer, si es que no lo ha hecho ya, que la humanidad está ante una encrucijada desgarradora: evolucionar o morir. Un porcentaje todavía relativamente pequeño pero cada vez más grande de personas ya está experimentando en su interior el colapso de los viejos patrones egotistas de la mente y el despertar de una nueva dimensión de la conciencia.
Lo que comienza a aflorar no es un nuevo sistema de creencias ni una religión, ideología espiritual o mitología. Estamos llegando al final no solamente de las mitologías sino también de las ideologías y de los credos. El cambio viene de un nivel más profundo que el de la mente, más profundo que el de los pensamientos. En efecto, en el corazón mismo de la nueva conciencia está la trascendencia del pensamiento, la habilidad recién descubierta de elevarse por encima de los pensamientos, de reconocer al interior del ser una dimensión infinitamente más vasta que el pensamiento. Por consiguiente, ya no derivamos nuestra identidad, nuestro sentido de lo que somos de ese torrente incesante de pensamientos que confundimos con nuestro verdadero ser de acuerdo con la vieja conciencia. Es inmensa la sensación de liberación al saber que no somos esa «voz que llevamos en la cabeza». ¿Quién soy entonces? Aquel que observa esa realidad. La conciencia que precede al pensamiento, el espacio en el cual sucede el pensamiento, o la emoción o la percepción.
El ego no es más que eso: la identificación con la forma, es decir, con las formas de pensamiento principalmente. Si es que hay algo de realidad en el concepto del mal (realidad que es relativa y no absoluta), su definición sería la misma: identificación total con la forma: las formas físicas, las formas de pensamiento, las formas emocionales. El resultado es un desconocimiento total de nuestra conexión con el todo, de nuestra unicidad intrínseca con «todo lo demás» y también con la Fuente. Este estado de olvido es el pecado original, el sufrimiento, el engaño. ¿Qué clase de mundo creamos cuando esta falsa idea de separación total es la base que gobierna todo lo que pensamos, decimos y hacemos? Para hallar la respuesta basta con observar la forma como los seres humanos se relacionan entre sí, leen un libro de historia o ven las noticias de la noche. Si no cambian las estructuras de la mente humana, terminaremos siempre por crear una y otra vez el mismo mundo con sus mismos males y la misma disfunción.
Un nuevo cielo y una nueva tierra
La inspiración para este libro vino de una profecía bíblica, que parece más aplicable en la actualidad que en ningún otro momento de la historia humana. Aparece tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y se refiere al colapso del orden existente del mundo y el surgimiento de «un nuevo cielo y una nueva tierra». Debemos comprender aquí que el cielo no es un lugar sino que se refiere al plano interior de la conciencia. Este es el significado esotérico de la palabra y también es el significado que tiene en las enseñanzas de Jesús. Por otra parte, la tierra es la manifestación externa de la forma, la cual es siempre un reflejo del interior. La conciencia colectiva de la humanidad y la vida en nuestro planeta están íntimamente conectadas.
«El nuevo cielo» es el florecimiento de un estado transformado de la conciencia humana, y «la nueva tierra» es su proyección en el plano físico. Puesto que la vida y la conciencia humanas son una con la vida en el planeta, a medida que se disuelva la vieja conciencia deberán producirse simultáneamente unos cataclismos geográficos y climáticos en muchas partes del planeta, algunos ya los hemos comenzado a presenciar.

Cristianismo? Nuevo Pensamiento? Nueva Era?

Podríamos definir el Nuevo Pensamiento como un término medio entre el Cristianismo y la Nueva Era. El Cristianismo centra sus creencias en las enseñanzas de Jesucristo, dando prioridad al culto, la oración la caridad… Sus miembros deben ceñirse, (en mayor o menor grado de obediencia según la denominación) a la interpretación Bíblica que cada grupo defiende. Lo he representado en un circulo monocromo, debido a que, en términos generales, se debe creer de cierta forma y no se puede ser muy crítico con el sistema pues pronto eres invitado a salir del circulo. La cruz es el centro.

La Nueva Era es difícil de definir, precisamente porque no es una filosofía o religión, sino que reúne diversas partes de muy variadas disciplinas, religiones y filosofías, (a veces contradictorias entre si), sin embargo tiene a favor que da libertad de pensamiento, promueve la generosidad, el pensamiento positivo y está favoreciendo la segunda venida de Cristo. Si tuviera que escoger entre cristianismo clásico y Nueva Era, escogería Nueva Era, ya que podría ser un cristiano clásico dentro de la Nueva Era pero al revés no. Pero hay más elecciones afortunadamente. La he representado en un circulo de hojas multicolor en representación de las múltiples filosofías, religiones y pensamientos que la integran.

El Nuevo Pensamiento, como término representativo de una forma de vivir y pensar, surgió a finales del siglo XIX de pensadores y teólogos que buscaban ser libres del legalismo cristiano de aquella época y que veían en las palabras de Cristo mucho más de lo que se enseñaba en los púlpitos. Fueron tachados de libertinos en lo que hoy día nos parecería honorable y no fueron quemados en la hoguera porque ya no se llevaba. Hablando de hoguera, uno de los primeros promotores del Nuevo Pensamiento (sin que todavía se llamase así) fue Miguel Servet, médico, filósofo y teólogo español que fue quemado en la hoguera en 1553 por Calvino, reformador protestante a quien, a su vez,  la iglesia católica también quería quemar (pero como tenía mucho apoyo político no se atrevieron). La mayoría de sus postulados (los de Miguel Servet) están incluidos en la filosofía del Nuevo Pensamiento.

En el nuevo Pensamiento hay dos líneas principales, los gnósticos (en su sentido de conocimiento) y los cristianos. Podríamos hacer una convención en la que hubiera ponentes de ambas disciplinas y todos seríamos enriquecidos de conocimiento.  Sé que para muchos cristianos mezclarse con corrientes filosóficas gnósticas que tuvieron un gran auge a principios de la era cristiana y que el apóstol San Pablo tacha de heréticas, supone un problema, pero debemos analizar si el cristianismo a evolucionado correctamente hacia donde el Espíritu de Dios se está moviendo o se a anclado en sus tradiciones e interpretaciones.

Sin embargo, el cristianismo tradicional, ha sido fundamental en el crecimiento de la sociedad occidental y no debe ser menospreciado. Tiene su lugar en la historia y permanecerá mientras Dios quiera.

 El Nuevo Pensamiento Bíblico propone analizar las tradiciones cristianas por una parte y las teorías modernas por otra, a la luz de la Biblia. A aceptar que cabe la posibilidad que mis creencias sean las erróneas y no las del otro. A creer por fe cuando es necesario y a analizar con conocimiento siempre que se pueda. Lo he representado con un circulo multicolor difuminado para representar lo abstracto del pensamiento.

Una vez un pastor evangélico me dijo ante mis dudas de si el mundo había sido creado en 7 días literales o no, que la duda era mala y que suponía un grave peligro que dudase, pues eso contaminaría mi fe. Tras analizar esas palabras me di cuenta que realmente yo no dudaba de Dios o su Palabra, sino de la interpretación que los hombres hacemos de la misma. Ahora entiendo muy bien los dos primeros capítulos del Génesis. Hay un post anterior acerca de la creación si te interesa.

Para finalizar, me gustaría dejar unas palabras del apóstol Pablo: “Analizadlo todo, retened lo bueno”

La reencarnación

Para los que desean ser fieles a las enseñanzas bíblicas, pero desean abrir sus mentes a lo que Dios está revelando hoy en día, encontrarán que hay conflictos entre las doctrinas que han aprendido hasta ahora y lo que se está revelando. Siempre ha sido así y parece que seguirá siendo así.

Ocurrió cuando vino Jesús, que la mayoría de judíos no pudieron aceptarlo, especialmente los que sabían mucho de las escrituras Bíblicas de la época, pues Jesús planteó una interpretación de la Ley de forma no literal, es decir, figurada o metafísica, y quien decidía seguirle, debía dejarse llevar más por lo que sentía en su corazón que por lo que los maestros y doctores de la ley les enseñaban. Ahora vemos las enseñanzas de Jesús muy claras, pero fue muy duro y muy difícil de aceptar por sus contemporáneos. Pues no todos los maestros eran los típicos fariséos hipócritas que imaginamos, también había humildes maestros y sabios interpretes con mucho conocimiento, que decían que Jesús era un hereje.
 También ocurrió lo mismo en las sucesivas reformas del cristianismo, que en la mayoría de casos fueron con mucha oposición de los que se “quedaban”. Los que se quedan no comprenden a los que se van, los tildan de herejes o demonios y muchas veces los que se van juzgan a los que se quedan.

Cuando eres niño las cosas son simples, esto esta bien, premio; esto esta mal, castigo. Cuando maduras debes decidir y analizar cosas más complejas y encima, tus decisiones afectan a otros. Así es con la humanidad. Dios va dando información y libertad para decidir a medida que la humanidad crece hacia lo que Dios está planeando, que es el regreso de todos los entes a El.

En el Nuevo Pensamiento Bíblico tenemos la máxima de analizar las cosas a la luz de la revelación que tenemos de las Escrituras Bíblicas, pero sabemos que esa revelación (la interpretación humana) no siempre está acertada y debemos ser humildes en aceptar que quizá soy yo el equivocado y no la otra denominación o interpretación. De hecho, no podré avanzar en el camino hasta que sea capaz de cuestionar todos y cada uno de los postulados que he defendido tan vehementemente.

Una de estas doctrinas conflictivas con el cristianismo clásico o reformado, es la reencarnación.

En la metafísica cristiana, creemos que cuando el cuerpo muere, al espíritu se le autoriza a volver a tomar forma física en otro cuerpo si no fue capaz en la vida anterior de entender el propósito por el que estuvo aquí la primera vez. Esto no está explicado así en la Biblia, porque no era el tiempo para ser revelado, pero se nos ha dejado evidencia en la reencarnación de Elías en Juan el Bautista, dejándonos el ejemplo para que veamos que es posible.
En un principio los hombres vivían cerca de mil años, pero luego fue recortado en períodos más cortos de los que no se tiene memoria consciente, pero sí inconsciente y lo aprendido en una vida debe de ayudar a seguir creciendo en lo espiritual hasta alcanzar la meta, que es la liberación de este mundo, y del sistema del mundo y comprender que en realidad nunca habíamos dejado de ser parte de Dios y la separación solo está en nuestra mente. En realidad todo, solo está en la mente, pero la mente es muy poderosa y hace “realidad” lo que cree firmemente. Así esta “realidad” solo es una proyección de la Mente colectiva que ha creado esta cortina de humo para que sigamos creyendo que estamos separados de Dios y nada podemos hacer. La Mente es el Mundo. Pero no soy yo quien está separado de Dios, sino el reflejo, la proyección, el cuerpo material creado por la mente. Mi yo interno, lo más profundo de mí que se manifiesta en esos momentos de quietud y paz, siempre es y siempre ha sido Dios. Uno con El.

Declaración de prosperidad

Un error común que se produce al estudiar metafísica y aprender las leyes que rigen el universo, es caer en la tentación de poner el carro delante del caballo. Me explico: Muchos son los que enseñan cómo comprender las leyes espirituales metafísicas y sacarles partido en beneficio propio y en el de los que nos rodean. La ley de atracción, el pensamiento positivo, las declaraciones de prosperidad, dar para recibir… etc. Esto no es malo en si mismo, solo es inteligencia. Pero muy pocos los que plantean que el propósito de nuestra existencia aquí, es regresar a Dios. Todo lo demás es en vano porque  de nada sirve toda la abundancia si uno tiene una enfermedad mortal.


Así, primero el ser humano debe reconciliarse con Dios y llegar a la convicción que este  mundo es efímero y no es el propósito de nuestro existir. Que aunque tuviera todo el oro del mundo no es comparable con ser consciente de que soy uno con Dios. Por eso dice: “Busca primero el Reino de Dios y lo demás te será añadido”.

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Dicho esto aquí va una bonita y práctica declaración para el día de hoy:

Hoy manifiesto prosperidad, porque pienso en prosperidad.

Apruebo mi presente, sé que voy a tener un futuro aún mejor

Pienso y Agradezco la vida de prosperidad Y atraigo riquezas en abundancia.

Visualizo mis deseos una y otra vez y materializo, ellos se hacen reales ahora, los recibo ahora, siento gozo y felicidad, porque todo lo que me propongo se materializa…

Visualizo éxitos y recibo éxitos en abundancia, de todas partes.

Soy el creador/ la creadora de mi universo de prosperidad.

Determino mi deseo y éste se materializa en mi vida

Me trato con mucho amor, como quiero que me traten los demás…. Como yo les trato a ellos.

Lleno mi interior en plenitud….

Ahora puedo comenzar a manifestar la prosperidad.

Pienso en las personas que amo, pienso y me concentro en las personas que me rodean y ellos están cambiando, cada día hay mayor entendimiento y bienestar.

Hoy me siento sano/ sana, estoy fuerte, tengo salud en abundancia, puedo hacer de todo y no me canso.

Mi mente también está renovada y tengo ideas nuevas de éxito.