El Padre Nuestro (3)

El Padre Nuestro:

Tercera Afirmación: “Venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra.”

Desde el momento en que hubo la división en el reino de los cielos y una tercera parte de sus habitantes pensaron que podían ser un poco más independientes, Dios trazó un plan para la reunificación del que nosotros formamos parte activa. Muchas veces hemos hablado de que los pensamientos, las afirmaciones, las frases que decimos, tienen poder para interferir el  universo creado. Este es un buen ejemplo dado de primera mano: por nuestra oración, por nuestro pensamiento sostenido el reino vendrá. No es algo que vaya a ocurrir automáticamente, vendrá por el deseo de los hijos de Dios. ¿No te parece grande que Jesús nos pida a nosotros que hagamos venir el reino de Dios?

Ten fe y ello será suficiente

Hay un mensaje que va creciendo de principio a fin: este mundo es pasajero, ilusorio. No es el propósito de nuestra existencia. Apreciamos este universo por que es lo que conocemos, con su individualismo, sus dualidades, sus placeres… pensamos que es divertido estar aquí y “disfrutar de lo bueno de la vida” y realmente podemos, siempre que tengamos por meta primero el completar nuestras lecciones de perdón y hayamos comprendido que todo lo que está debajo del Sol, es vanidad. La palabra vanidad significa altivez, orgullo y apariencia de lo que no es real. Cuando perdono estoy renunciando al enfoque del mundo y escogiendo la forma de pensar de Cristo.  Por esto la vida nos envía una y otra vez situaciones para aprender a perdonar.

¿Cómo podría ser un sacrificio abandonar el dolor? ¿Acaso los adultos lamentan el haber dejado sus juguetes infantiles? ¿Y quién que habiendo vislumbrado el rostro de Cristo se alegra de lo que pasa en este matadero?

Ten fe y ello será suficiente.

La voluntad de Dios es que estés en el Cielo y nada ni nadie te privará de estar en el Cielo, ni nada ni nadie privará al Cielo de tu presencia. Porque tu eres valioso/ valiosa para Dios y te está llamando. Piensa en esto, no hay muchos que lean estas líneas hasta el final y se entretengan en este tipo de lecturas. Tu quieres más. Desde siempre has sentido que quieres más.

Nada ni nadie triunfará sobre el propósito que la voluntad de Dios ha dispuesto para ti.

El Padre Nuestro (2)

El Padre Nuestro:

Segunda afirmación: “Santificado sea tu nombre”

El nombre de Dios es YHWH que se pronuncia Yahvé o Jehová (el hebreo antiguo no tiene vocales). La traducción más aceptada es “Yo Soy”. Son dos vocablos con poder para transformar, crear, destruir… su uso debe ser medido y santificado. “Santificar” significa apartar algo para un único y dedicado uso. Cada vez que pronuncias el nombre de Dios estás invocando el poder más supremo. Esta afirmación nos invita a tomar cuidado de usar el nombre de Dios con reverencia y específico propósito.

Perdonar, sobre todo y no juzgar

El otro día me enviaron una fotografía en la que se ve a un bebé en el cubo de la basura. La imagen producía una profunda sensación de tristeza y desamparo y cuanto más la miraba más ira y odio sentía hacia la persona que había sido capaz de hacer tal cosa. Es duro ver este tipo de imágenes y mi primera reacción fue de condenación. Pero el Espíritu Santo comenzó a susurrarme otra manera de enfocarlo y mi forma de pensar cambió. “…No debes perder de vista cual es el propósito…”

Supongamos:

Cabe la posibilidad que quien lo dejó ahí tuviera un trastorno psicológico grave porque su infancia estuvo siendo violada por su padre y eso estropeo su percepción de las cosas (es un suponer, pues no sabemos que hay detrás de cada vida, de cada acción)

Por eso no debemos juzgar, sino perdonar. Ya se que es difícil perdonar algo así, pero aun la muerte pertenece a Dios.

Este tipo de imágenes nos las da el mundo, el amo del mundo quiero decir, para que caigamos en la tentación de condenar y de odiar. Quienes sabemos lo que motivo a Cristo para dar su vida en la cruz, debemos amar y más allá, perdonar, aun a los malvados. Ese niño estaba predestinado a nacer y morir en ese momento y en esas circunstancias por increíble que nos parezca. Ya sabes que ni una sola hoja cae del árbol sin el consentimiento de Dios. Esa aparente muerte estaba autorizada por Dios y debía de suceder. Recemos por la persona que hizo tal acción aun en contra del instinto más natural, pues estará viviendo un verdadero infierno y Dios quiere salvarle.

El padre Nuestro (1)

El padre Nuestro:

Primera afirmación: “Padre nuestro que estás en los Cielos”

Todo buen padre, trata de que sus hijos no sufran y no les falte nada. Si el padre es rico, les dará todo lo bueno que tiene sin malcriarlos. Estar en los Cielos es una condición de perfecta dicha en todos los sentidos. Si el padre es tan dichoso, tan perfecto, tan opulento, que vive y permanece “en los cielos”, es seguro, que desea lo mismo para sus hijos. Esta es la idea contenida en las palabras “Padre nuestro que estás en los cielos”. Tómala, medítala y ÚSALA en todas las circunstancias de tu vida. Como es la Verdad, ella te hará libre.

 Al pronunciar las dos palabras “PADRE NUESTRO”, estarás admitiendo, confesando, y afirmando que el Padre tuyo es también el de todos. Estarás admitiendo, confesando y afirmando que todos somos hermanos.

El hijo es de la misma naturaleza que el padre. Si el padre es Espíritu divino con todos los dones y poderes; si vive en estado de gracia, por lo cual todo lo que desea, idea, afirma o decreta se manifiesta al instante, el hijo participa de su misma sangre, naturaleza, dones y poderes. No puede ser de otra manera.

Sembrar, sembrar, sembrar y cosechar

“Como piensa el hombre en su corazón, tal es él”  (Proverbios)

Lo que llena nuestros pensamientos, nuestro corazón, es lo que acabamos manifestando en el exterior. Claro que no podemos esperar resultados inmediatos, si todo lo que el  hombre deseara se cumpliera, estaríamos perdidos. Se trata, como siempre, de sembrar primero.

La ley de la cosecha es cosechar más de lo que se siembra. Siembra un acto, y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosechas un carácter. Sembrar un carácter y cosechas un destino. (James Allen)

Ese momento frustrante

La reacción natural a situaciones en las que nos sentimos abusados es la frustración, el rencor, la venganza…. Es natural. Pero la experiencia es la forma que Dios quiere para enseñarnos.

Cuando una situación difícil viene a mi vida he de verla como el taller del Espíritu Santo trabajando en mí y colaborar en mi ascensión a la vida.

El mensaje de Jesús es perdonar; amar y perdonar, no solo a las personas sino a las situaciones también. 

Cada situación que he de perdonar, solo es una proyección de un área de mi mismo que Cristo quiere sanar y me la está mostrando para que la perdone. No estoy diciendo que hay que dejar que abusen de uno, digo de no guardar rencor y pensar que es una situación para curarme.

Cuando perdono me estoy curando. Cuando perdono estoy eligiendo la forma de pensar del Espíritu Santo en lugar de la forma de pensar del mundo.  Cuando elijo pensar como Cristo mi mente se hace más uno con El.

El caballo delante del carro, por favor.

Un error común que se produce al estudiar metafísica y aprender las leyes que rigen el universo, es caer en la tentación de poner el carro delante del caballo. Me explico: Muchos son los que enseñan cómo comprender las leyes espirituales metafísicas y sacarles partido en beneficio propio y en el de los que nos rodean. La ley de atracción, el pensamiento positivo, las declaraciones de prosperidad, dar para recibir… etc. Esto no es malo en si mismo, solo es inteligencia. Pero muy pocos los que plantean que el propósito de nuestra existencia aquí, es regresar a Dios. Todo lo demás es en vano porque  de nada serviría toda la abundancia si uno tuviera una enfermedad mortal, por ejemplo.

Así, primero, el ser humano debe reconciliarse con Dios y llegar a la convicción que este  mundo es efímero y no es el propósito de nuestro existir. Que aunque tuviera todo el oro del mundo no es comparable con ser consciente de que soy uno con Dios. Por eso dice: “Busca primero el Reino de Dios y lo demás te será añadido”.

Pienso que éste es el orden bueno.

Dicho esto aquí va una bonita y práctica declaración para el día de hoy:

 

Hoy manifiesto prosperidad, porque pienso en prosperidad.

Apruebo mi presente, sé que voy a tener un futuro aún mejor

Pienso y Agradezco la vida de prosperidad Y atraigo riquezas en abundancia.

Visualizo mis deseos una y otra vez y materializo, ellos se hacen reales ahora, los recibo ahora, siento gozo y felicidad, porque todo lo que me propongo se materializa…

Visualizo éxitos y recibo éxitos en abundancia, de todas partes.

Soy el creador/ la creadora de mi universo de prosperidad.

Determino mi deseo y éste se materializa en mi vida

Me trato con mucho amor, como quiero que me traten los demás…. Como yo les trato a ellos.

Lleno mi interior en plenitud….

Ahora puedo comenzar a manifestar la prosperidad.

Pienso en las personas que amo, pienso y me concentro en las personas que me rodean y ellos están cambiando, cada día hay mayor entendimiento y bienestar.

Hoy me siento sano/ sana, estoy fuerte, tengo salud en abundancia, puedo hacer de todo y no me canso.

Mi mente también está renovada y tengo ideas nuevas de éxito.

Religión vs tolerancia

La religión siempre se ha caracterizado por la fuerte convicción de las ideas y el convencimiento de que hay que creer firmemente y no dudar, lo cual no es malo en sí mismo mientras no  se pervierta en intolerancia.

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo,  sino para que el mundo sea salvo por él.” (San Juan Capítulo 3)

Tenemos un propósito

Una canción que nunca se canta, una campana que no retiñe, un libro que no se lee… carecen de razón de existencia, porque todo cobra verdadero sentido cuando cumple con el propósito para el que ha sido creado:-)

Puedo engañarme a mi mismo diciendo “el  libro queda bonito en la estantería” pero sé que no es la verdad.  Del mismo  modo, nosotros hemos sido creados con un propósito:

«No me elegisteis vosotros a mí,  sino que yo os elegí a vosotros,  y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto,  y vuestro fruto permanezca;  para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre,  él os lo dé. Esto os mando:  Que os améis unos a otros.» (Jesús. libro de San Juan, capitulo 15)

El fruto del cristiano es: Poder, “todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre,  él os lo dé” y Amor, “Esto os mando:  Que os améis unos a otros”

Por el amor de Jesús es que entramos en el Cielo. El amor corrige las faltas y cubre los pecados. Por medio del amor es que avanzamos en el camino y vivimos libres del mal.