Despertando…


Al inicio del peregrinaje espiritual, cuando uno comienza a pensar que verdaderamente es cierto que hay una verdad más allá de lo que ven nuestros ojos, una de las cosas que reconoces enseguida es la bondad de dar gracias por todo.

Esto te hace pensar en la necesidad de perdonar a los demás por lo que te hayan hecho. Esto ya resulta más difícil para muchos y hay quien se esfuerza “crucificando” su ego para poder perdonar. Muy loable, y de corazón lo digo, digno de admirar, pero del todo inefectivo.

Otros ni tan siquiera son conscientes que están guardando rencor.

Pronto se te revela que eres mucho más que un mamífero superior y que dentro de ti está Dios. Es el Espíritu de Dios mismo. Y comenzamos a vernos como un ser holístico:  Cuerpo – mente  – Alma (espíritu)  creado a imagen y semejanza de Dios. Muchos se detiene ahí, bien porque aún no están preparados o porque es una revelación contraria a lo que han creído siempre o bien porque sus líderes no les dejan ir más allá, el caso es que  no quieren pensar que somos Dios, y si te suena fuerte, igualmente podemos decir  que somos “parte” inseparable de Dios, que es lo mismo, pues Dios no puede dividirse en partes.

Muchos dicen,  ¡por favor! yo soy pecador no soy Dios. Cuando llegue al cielo quizá seré uno con él pero ahora no. Déjame.

Pero otros siguen adelante y ven que la deidad enseñada por Jesús, del hombre UNO con Dios es para cada uno de nosotros. Aún no de forma evidente pero sí de forma legal. Yo soy uno con Padre ahora. Igual que Jesús decía de sí mismo que era uno con el Padre.

Es como en la parábola del hijo pródigo, cuando éste reconoció que podía volver al Padre, tomó la decisión y se puso a caminar en esa dirección. Recapacitó e hizo una elección.

Entonces es que su padre dijo que pasó de muerte a vida, aunque en realidad no estaba muerto sino que NO ERA CONSCIENTE de que nunca había perdido la condición de hijo.

Su padre nunca había dejado de pensar en él como su hijo.

Pero los pensamientos del hijo de “ya no soy parte de la familia” habían creado toda su situación desesperante cuando en realidad no tenía necesidad de estar padeciendo.

Y vivía acorde a sus pensamientos.

En este caminar, ese punto en el que eres consciente de que has vuelto con el Padre, se te revela que los hombres crean aquello que piensan, tanto de forma consciente como de forma inconsciente (especialmente esta última) y que mañana viviré aquello que pienso hoy y hoy estoy viviendo aquello que pensé ayer.

Esto me otorga el derecho de ser el UNICO responsable de mi propia vida. Todas mis experiencias, enfermedades, tristezas y alegrías las he creado yo mismo o bien las he atraído hacia mí.  (O las elegí en mi alma antes de nacer, como parte de mi karma quizá… pero siempre es una elección personal)

Mucha gente se enfada al oír esto, (y lo entiendo, pues yo mismo he tardado años en aceptarlo), pero quien lo acepta, da un paso más y se da cuenta que todas aquellas personas y circunstancias contra las que estabas tan enojado o guardaba rencor, no eran más que victimas de su propia ignorancia, igual que yo.

Entonces, es cuando verdaderamente me olvido del pasado y perdono sabiendo que solo eran proyecciones de mi propia mente inconsciente que la vida me mostraba para que pudiera perdonar y así ser sanado. Una y otra vez. Porque cuando perdono, en realidad estoy liberándome de una tara, un defecto de mi mente que se me estaba mostrando para que al perdonarlo se sanara.

Ya no estoy crucificando mi ego, luchando contra “el pecado” sino que asumo mi participación en la sanidad de mi mente por medio del perdón. Porque el alma es pura, el cuerpo ya no es lo que fue creado y la mente se dividió y tenemos una mente recta que quiere colaborar con los propósitos del alma y una mente errada que quiere independencia de Dios, también llamada Ego.

Ahora un nuevo futuro se abre ante uno, en el que ves que eres una unidad con Dios, un co-creador, aunque me falta mucho por sanar. Pero es la forma en cómo me veo lo que marca la diferencia.

Algunos piensan que ya tienen una edad en la que quizá no conseguirán reparar todos los errores de la mente, y quizá algunas enfermedades se resistirán a marcharse, pero ¿Por qué no intentarlo?

Este mundo es una ilusión, una proyección de la mente para poder experimentar. Vanidad de vanidades. Todo es vanidad. (Vanidad = ilusión de algo que no es)

Reordenemos nuestro propósito, alineémonos con el Espíritu Santo que simplemente es una proyección de Dios a una frecuencia que los hombres podamos sintonizar y vivamos esta vida con la alegría que da saber que somos seres eternos creados a imagen y semejanza de Dios – Energía  – Todo lo que es.

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