Dios siempre te confrontará con lo que crees


Para los que desean ser fieles a las enseñanzas bíblicas, pero desean abrir sus mentes a lo que Dios está revelando hoy en día, encontrarán que hay conflictos entre las doctrinas que han aprendido hasta ahora y lo que se está revelando. Siempre ha sido así y parece que seguirá siendo así.

Ocurrió cuando vino Jesús, que la mayoría de judíos no pudieron aceptarlo, especialmente los que sabían mucho de las escrituras Bíblicas de la época, pues Jesús planteó una interpretación de la Ley de forma no literal, es decir, figurada o metafísica, y quien decidía seguirle, debía dejarse llevar más por lo que sentía en su corazón que por lo que los maestros y doctores de la ley les enseñaban. Ahora vemos las enseñanzas de Jesús muy claras, pero fue muy duro y muy difícil de aceptar por sus contemporáneos. También ocurrió lo mismo en las sucesivas reformas del cristianismo, que en la mayoría de casos fueron con mucha oposición de los que se “quedaban”.

Los que se quedan no comprenden a los que se van, los tildan de herejes o demonios y muchas veces los que se van juzgan a los que se quedan.

Cuando eres niño las cosas son simples, esto esta bien, premio; esto esta mal, castigo. Cuando maduras debes decidir y analizar cosas más complejas y encima, tus decisiones afectan a otros. Así es con la humanidad. Dios va dando información y libertad para decidir a medida que la humanidad crece hacia lo que Dios está planeando, que es el regreso de todos los entes a El.

En el Nuevo Pensamiento Bíblico tenemos la máxima de analizar las cosas a la luz de la revelación que tenemos de las Escrituras Bíblicas, pero sabemos que esa revelación (la interpretación humana) no siempre está acertada y debemos ser humildes en aceptar que quizá soy yo el equivocado y no la otra denominación o interpretación. De hecho, no podré avanzar en el camino hasta que sea capaz de cuestionar todos y cada uno de los postulados que he defendido tan vehementemente.

Una de estas doctrinas conflictivas con el cristianismo clásico o reformado, es la reencarnación.

En la metafísica cristiana, creemos que cuando el cuerpo muere, al espíritu se le autoriza a volver a tomar forma física en otro cuerpo si no fue capaz en la vida anterior de entender el propósito por el que estuvo aquí la primera vez. Esto no está explicado así en la Biblia, porque no era el tiempo para ser revelado, pero se nos ha dejado evidencia en la reencarnación de Elías en Juan el Bautista, dejándonos el ejemplo para que veamos que es posible. En un principio los hombres vivían cerca de mil años, pero luego fue recortado en períodos más cortos de los que no se tiene memoria consciente, pero sí inconsciente y lo aprendido en una vida debe de ayudar a seguir creciendo en lo espiritual hasta alcanzar la meta, que es la liberación de este mundo, y del sistema del mundo y comprender que en realidad nunca habíamos dejado de ser parte de Dios y la separación solo está en nuestra mente. En realidad todo, solo está en la mente, pero la mente es muy poderosa y hace “realidad” lo que cree firmemente. Así esta “realidad” solo es una proyección de la Mente colectiva que ha creado esta cortina de humo para que sigamos creyendo que estamos separados de Dios y nada podemos hacer. La Mente es el Mundo. Pero no soy yo quien está separado de Dios, sino el reflejo, la proyección, el cuerpo material creado por la mente. Mi yo interno, lo más profundo de mí que se manifiesta en esos momentos de quietud y paz, siempre es y siempre ha sido Dios. Uno con El.

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