Disfrutar de lo que haces

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La voluntad de Dios es que disfrutes de lo que haces.

Sé que a algunos cristianos tradicionales les cuesta creer esto y defienden la idea que hemos venido para sufrir. Pero en mi opinión y en la de muchos autores de la espiritualidad moderna, nada más lejos de la verdad.

«Comprender esto me tomó muchos años, porque crecí principalmente con esa idea que, como saben, había algo que yo debía hacer, y si no estaba cumpliendo con ello, pensaba que Dios no estaría contento conmigo. Y cuando comprendí realmente que mi propósito principal era sentir y experimentar felicidad, empecé a hacer únicamente aquellas cosas que me causaban alegría. ¿Saben?, tenemos un dicho:  si no es divertido, no lo hagas».
(Neale Donald Walsh Conversaciones con Dios)

El nos ha creado como un libro en blanco que cada cual va escribiendo a lo largo de su vida. Con nuestras decisiones, nuestros miedos, nuestros sueños…
Claro que ningún ser humano está preparado para poder hacer de todo y bien y por eso tenemos unas cualidades innatas que nos enfocan hacia una tarea o tareas determinadas. Dios, en su conocimiento, nos ha cualificado con ciertos dones. Es difícil separar la predestinación del pleno conocimiento o omnisciencia, pero son dos cosas distintas y difíciles de entender para nuestra mente finita, limitada (Al menos la mía:-)

Para mucha gente, especialmente de carácter religioso lo más importante es «hacer la voluntad de Dios», y pasan su vida sacrificándose sin disfrutar o negándose a cosas que desean. Para, en muchos casos, darse cuanta al final de sus días que perdieron el tiempo.

Hay un mecanismo muy simple para saber si vamos por el buen camino. La diversión. Te divierte lo que haces? ¿Disfrutas con tu trabajo? ¿Lo pasas bien con tu pareja?

Sentir alegría y satisfacción en aquello que hacemos es el mecanismo que Dios nos ha dado para saber que «estamos haciendo su voluntad».

Claro que no estoy hablando de ser irresponsable. Cuando uno ha tomado una decisión errónea en la vida, debe asumir las consecuencias de esa decisión. Por ejemplo, si te has hecho padre y te das cuenta que no es lo que te gusta, pues deberás cargar con tu decisión primera. O si has creado una empresa y te das cuenta que no es lo que te gusta, debes cerrar correctamente, finiquitar a tus empleados y pagar a tus proveedores. No está bien forzar la quiebra si está en tu mano el esforzarte para cerrar bien o tienes bienes para vender.

Por eso siempre se recomienda prudencia. Porque somos libres de decidir pero no somos libres de nuestras decisiones.

Finalmente, es importante comprender también que, alcanzar cierto objetivo puede suponer sacrificios y hacer cosas que no son para nada divertidas, pero que la visión puesta en el objetivo final hace que sean llevaderas.

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