¡El Máximo Secreto de Hacer Dinero en la Historia!


Si quieres dinero, sólo tienes que hacer una cosa.
Es lo único que algunas de las personas más ricas en el planeta ha hecho y están haciendo.
Es la única cosa de la que se ha escrito en diversas culturas antiguas y todavía es promovida hoy.
Es lo único que traerá dinero hacia alguien que lo hace pero al mismo momento la mayoría de la gente temerá hacerlo.
¿Cuál es esa cosa?
John D. Rockefeller lo hizo desde que fue un niño. Se convirtió en un billonario.
Andrew Carnegie lo hizo, también. Él se convirtió en un magnate.
¿Cuál es el máximo secreto de hacer dinero en la historia?
¿Cuál es la cosa que le funciona a todo el mundo?
Regalar dinero.
Así es. Regalarlo.
Dáselo a las personas que te ayudan y que permanecen en contacto con tu mundo interior.
Dáselo a las personas que te inspiran, que te sirven, que te sanan, que te aman.
Dáselo a las personas sin esperar que regrese de ellas, pero dalo sabiendo que te regresará multiplicado desde alguna fuente.
En 1924 John D. Rockefeller le escribió a su hijo y le explicó su práctica de regalar dinero. Él escribió, «… en el comienzo de hacerme de dinero, allá por mi infancia, empecé a regalarlo, y continué aumentando las donaciones a medida que el ingreso aumentaba…»
¿Notaste lo que dijo?
Él regaló más dinero a medida que recibió más ingresos. Él regaló $550 millones de dólares en toda su vida.
Algunas personas piensan que Rockefeller comenzó a regalar monedas de diez centavos como una hazaña publicitaria para mejorar su imagen. Eso no es cierto. El hombre de relaciones públicas que trabajó para Rockefeller fue Ivy Lee. En Courtier To The Crowd, una gran biografía de Lee, Ray Eldon Hiebert indica que Rockefeller había estado regalando dinero por décadas por su cuenta. Todo lo que Lee hizo fue poner en conocimiento al público.
P.T. Barnum regaló dinero, también. Como escribí en mi libro sobre él, Nace Un Cliente A Cada Minuto [There’s A Customer Born Every Minute], Barnum creyó en lo que él llamaba una “filantropía provechosa.” Él sabía que dar conduciría a recibir. Él, también, se convirtió en uno de los hombres más ricos del mundo.
Andrew Carnegie dio enormemente, también. Por supuesto, él se convirtió en uno de los hombres más ricos en la historia de América.
Bruce Barton, cofundador de la famosa agencia de publicidad BBDO y el individuo crucial de mi libro Los Siete Secretos Perdidos del Éxito también creyó en el dar. En 1927 él escribió:
…Si un hombre practica hacer cosas para otras personas hasta que se convierte mucho en un hábito del que ya está inconsciente, todas las buenas fuerzas del universo se alinean en pos de él y lo que sea que él se comprometa a hacer…
Barton se convirtió en un autor muy vendido, una celebridad comercial, un contribuyente de numerosas causas, y muy, muy rico.
Mientras algunos podrían mantener la opinión de que estos magnates antiguos tenían el dinero para darlo, y que de esta manera era fácil para ellos, yo argumentaría que tenían el dinero en parte porque estaban dispuestos a darlo libremente. El Dar condujo al Recibir. La donación condujo a más riqueza.
Repetiré eso:
El Dar condujo al Recibir.
La donación condujo a más riqueza.
Hoy está muy de moda que los negocios les den dinero a las causas dignas. Los hace verse bien y por supuesto ayuda a esos que lo reciben. Las tiendas Body Shop de Anita Roddick, el helado de Ben Cohen y Jerry Greenfield, y Patagonia de Yvon Chouinard, son ejemplos vivos de cómo dar puede ser bueno para el negocio.
Pero de lo que hablo aquí es de donación individual. Te estoy hablando de que des dinero y así recibirás más dinero.
Si hay una cosa en que pienso que las personas se equivocan es que cuando practican el dar, dan poquísimo. Se agarran de su dinero y lo dejan salir goteando en lo que se refiere a dar. Y por eso es que no reciben. Tienes que dar, y dar bastante, para estar en el flujo de la vida para recibir.
Recuerdo la primera vez cuando conocí la idea de dar. Pensé que era un plan para obligarme a darles dinero a las personas que me decían que hiciera la donación.
Si yo di, fue como un avaro. Naturalmente, lo que recibí a cambio correspondió a lo que di. Di poco. Recibí poco.
Sino entonces un día decidí probar la teoría de dar.
Amo las historias inspiradoras. Las leo, las escucho, las comparto, y las cuento. Decidí darle las gracias a Mike Dooley de www.tut.com por los mensajes inspiradores que comparte conmigo y con otros cada día por e-mail.
Decidí darle algo de dinero. En el pasado le habría dado posiblemente cinco dólares. Pero eso era cuando venía de la escasez y tenía miedo de que el principio de dar no funcionara. Esta vez era diferente. Saqué mi chequera y giré un cheque por mil dólares.
Fue el aporte individual más grande que alguna vez había hecho en mi vida en aquel entonces.
Sí, eso me puso un poquito nervioso. Pero en su mayor parte me sentí emocionado. Quería hacer una diferencia. Quería gratificar a Mike. Y quería ver qué ocurriría.
Mike se quedó pasmado. Recibió mi cheque en el correo y casi se salió del camino mientras volvía a casa. No podía creerlo. Él incluso me llamó y me agradeció. Disfruté de su asombro juvenil. Eso me hizo sentir como un millonario. (¡Nota Eso!)
Me gustó hacerlo tan feliz. Me deleité en darle el dinero a él. Lo que sea que él hizo con eso estaba bien para mí. Lo que obtuve fue un sentimiento increíble de ayudar a alguien a continuar haciendo algo en lo que yo creía. Fue una ráfaga interior ayudarlo. Todavía me alegro de enviarle dinero.
Y luego algo maravilloso comenzó a ocurrir.
Repentinamente me llamó una persona que me quería de coautor de su libro, un trabajo que terminó pagándome muchas veces más de lo que había regalado.
Y después un editor publicista en Japón me contactó, queriendo comprar los derechos de traducción para mi libro exitoso, Mercadotecnia Espiritual [Spiritual Marketing].
Ellos, también, me ofrecieron muchas veces lo que le había dado a Mike como regalo.
Un verdadero escéptico puede decir que estos acontecimientos no tienen relación. Tal vez en la mente del escéptico, no la tienen. En la mía, sí la tienen.
Cuando le di dinero a Mike, envié un mensaje a mí mismo y al mundo de que estaba afluente y en el flujo. También configuré un principio magnético que atrajo el dinero hacia mí: Como das, así es que recibirás.
Da tiempo y recibirás tiempo.
Da productos y recibirás productos.
Da amor y recibirás amor.
Da dinero y recibirás dinero.
Este es un consejo que de por sí puede transformar tus finanzas. Piensa en la persona o personas que te han inspirado durante la última semana. ¿Quién te hizo sentir bien de ti mismo, tu vida, tus sueños, o tus metas?
Dale a esa persona algo de dinero. Dales algo de tu corazón. No seas tacaño. Sé de abundancia, no de escasez. Da sin esperar a cambio de esa persona, pero espera a cambio.
A medida que lo haces, verás de qué manera tu prosperidad aumenta.
¡Ese es el Máximo Secreto de Hacer Dinero en la Historia!

«Si lo ves, tócalo.
Si lo tocas, siéntelo.
Si lo sientes, ámalo.
Si lo amas…Dalo».

Porque NADA habla más fuerte para el UNIVERSO, de tu CREENCIA en el Yo, la abundancia, y el amor, que dar.
Y cuando el Universo escucha, más te será dado. NO COMO UNA RECOMPENSA, sino que porque verdaderamente creíste… en el Yo, en la abundancia, y en el amor.
––De www.tut.com

(Del libro de Joe Vilate «¡El Máximo Secreto de Hacer Dinero en la Historia!» Publicado con permiso del autor)

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