La importancia de dar


Por John Zappa

Mucho ha sido escrito acerca de la ley universal de dar y recibir, pero he descubierto en mis negociaciones con otros que a menudo hay una gran cantidad de malentendidos acerca de cómo aplicar el principio.

La noción general es que mientras más das, más recibes. Como siembras, así es que cosecharás. Todo eso es bueno y noble, pero creo que el malentendido de este secreto maravilloso podría fácilmente ser aclarado con una moraleja simple sobre la ley de dar. La moraleja es que no es lo que haces sino que por qué lo haces. La intención y la motivación lo son todo.

Lo que quiere decir esto es que sólo deberías dar si estás dando por la alegría pura de dar. Si das porque esperas recibir, derrotas el propósito. El universo no se engaña fácilmente.
Dar con el motivo de recibir es de hecho una afirmación de escasez. Decir que tienes que recibir simplemente porque has dado es decirle al mundo “no tengo lo suficiente.” Tu creencia pronto resultará ser correcta. La vibración de energía de escasez sólo atraerá más escasez.

Otra vez, como siembras, así es que cosecharás.

Muchas personas que conozco dan a regañadientes o se sienten despojadas una vez que han hecho un regalo de tiempo o dinero. Si das desde un sentimiento de obligación o de un sentido de sacrificio, el sentimiento fundamental es uno de escasez. Cubrir un sentimiento de escasez con una máscara de generosidad sólo conducirá a la decepción. No es lo que haces sino que por qué lo haces.

No pierdas tu tiempo dando con la expectación de recibir a cambio de tu inversión. Dios no es un cupo de acciones que intercambias en el NASDAQ (el código valor GODD). “Si doy, mejor recibiría alguna cosa a cambio.” Tal modo de ver procede de una posición de “No hay lo suficiente.”

Mientras algunas personas dan con motivos ocultos, hay otras que raramente dan nada por la creencia de, “No puedo permitirme el lujo.” Henry Ford siempre decía que existen dos clases de personas. Ésas que piensan que pueden y ésas que piensan que no pueden; Y que ambas tienen la razón. Tus creencias crean tu experiencia todo el tiempo.
Entonces en cuanto a NO dar. ¿Qué hacer en lugar de eso?

Mi experiencia personal sugiere esperar hasta que estés en el flujo con la vida. Todos tenemos cambios bruscos de ánimo. A veces nos sentimos bien, y a veces nos sentimos mal. Cuando te sientas bien, agarra esa oportunidad para dar desde un sentido de compartir la abundancia que es ya tuya.

Siendo agradecido de lo que sea que tengas en la actualidad, es mucho más fácil dar una parte de tu dicha a alguien más. En esos momentos, alcanzas el sentido de que hay más de donde vino eso.

Mi primera experiencia con el verdadero dar, al menos que recuerde, ocurrió durante una recaída de cáncer varios años atrás. Una vez que logré sobreponerme al shock inicial del diagnóstico, los aspectos espirituales dentro de mí comenzaron a despertarse y comencé a enumerar mis bendiciones.

Después de varios meses de quimioterapia, tuve la oportunidad de visitar la Ciudad de Nueva York durante la estación de Navidad. Mi doctor había decidido darme unas cuantas semanas de descanso para disfrutar los días de fiesta después de la quimioterapia, y una mini vacación era lo que necesitaba verdaderamente. Las luces de Navidad en NYC, el aire vivificante de invierno, y el hecho de que todavía estaba con vida me ponía en un estado de ánimo alto. Me sentía abundante y agradecido.

Una tarde rumbo a cenar con mi esposa y mi hermano, un hombre desposeído que estaba afuera del restaurante que habíamos elegido me preguntó si podría darle un dólar. Me sentía genial, y mejor le di $20. Esto a su vez lo hizo sentirse estupendo, y me hizo sentir incluso mejor de lo que me había sentido ese día. La sutileza importante para mí fue que había esperado a mi esposa y a mi hermano para entrar al restaurante antes de que le diera el dinero. Quería que el acto fuera anónimo, y no quería a nadie cuestionando la sabiduría de regalar un billete de $20 mientras estaba con licencia con un ingreso muy limitado. Si habría tenido que defender o justificar mis acciones a alguien, eso le hubiese quitado la alegría y la espontaneidad del momento.

En ese momento, no sabía lo que el futuro tenía guardado para mí, pero en ese instante las cosas eran perfectas. Me sentía bien, y no quería que alguien arruinara el sentimiento de ese momento diciéndome que fuera racional. Esperé hasta que nadie estuviera mirando para darle a este hombre algo de dinero me pareció la mejor manera de hacerlo.
Fue una situación beneficiosa para ambas partes. El tipo se sintió genial, y yo continué sintiéndome genial el resto de la tarde. Ese era mi secreto. Me sentía próspero sin razón aparente, e hice alguien sentirse próspero dándole 20 veces más de lo que había pedido o esperado. Estaba en el flujo de la vida en ese momento, y era la ocasión perfecta para dar.
Durante los siguientes pocos meses, mis pagos de incapacidad supuestamente “fijos” por alguna razón aumentaron un 20 %. No supe cómo ni por qué, y ciertamente no indagué.
No conocía la ley de dar y recibir en aquel momento en mi vida. Simplemente actuaba por puro impulso. Fue sólo después de que empecé mis estudios espirituales que vine a conocer este principio. Con mi comprensión nueva y el beneficio de la retrospectiva, comencé a ver la conexión.

El aspecto más importante de este principio para mí, y que es importante repetir, es recordar que no es lo que haces sino que por qué lo haces. Si estás teniendo un mal día, o estás de mal humor, no des solamente porque piensas que deberías. No hay crédito adicional para Dios, y no te beneficiará a ti o a la otra persona bajo esas condiciones.
En lugar de eso, espera hasta que tengas particularmente un buen día y te sientas genial. Entonces da mientras estés en ese estado, y observa lo que ocurre. Si estás haciendo cálculos para decidir cuánto puedes permitirte dar o preocupándote sobre lo que piensan otros que es sensato, no te molestes. Haz perdido el sentimiento.

Espera hasta que hayas vuelto al flujo y escoge una cantidad basada en tu primera intención. Da cualquier cantidad que te haga sentir bien y que no causará que te sientas más pobre porque hay mucho menos en tu cartera o en tu cuenta bancaria.
Esta ley universal puede tomar sólo un momento para entender, pero puede requerir de toda una vida para dominar con maestría. Pero solamente porque no la hayas dominado con maestría no quiere decir que no puedas divertirte practicándola. Haz la prueba, y deja que tu experiencia sea quien juzgue.

John Zappa es un asesor publicitario en Austin, Texas. Como un asilado de Corporate America, ahora elige inventar sus propios trabajos.

Texto extraído del libro The Greatest Money-Making Secret in History (en español) de Joe Vitale

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