Me doy permiso a ser lo mejor que pueda


¿Estás esperando que otra persona te dé dinero, decida que puedes acudir a una escuela, coger un trabajo o hacer un cambio que deseas?

Date permiso de hacer con tu vida lo que tú quieres.

Decide que vas a actuar para avanzar hacia tu meta. No esperes que otros te permitan dejar un trabajo o realizar tus deseos. Si abandonas tus propósitos, sueños y vitalidad para estar con otros, no les estás haciendo ningún favor. De alguna manera, esperarás que ellos hagan lo mismo. El único modo de amar y apoyar a los demás es dando apoyo a su evolución y vitalidad y una de las mejores maneras de hacerlo es apoyando tu propia evolución y vitalidad. Date permiso de hacer lo que realmente amas y deseas hacer.

El verdadero amor sirve a las almas de la gente, no a sus personalidades.

Una hermosa y motivadora historia:

Había un hombre que no quería que su esposa cogiera cierto trabajo, aunque ella sentía que le daría alegría y vitalidad. Él pensaba que ganaba bastante dinero para toda la familia y quería que su mujer se quedara en casa, para cuidar de las necesidades familiares. Ella se sentía dividida entre quedarse en casa y volver al trabajo, porque siempre había querido cuidar de los demás. Empezó a considerar la situación con los ojos de su alma y vio que no servía al alma de su marido; sólo a su personalidad, a su yo inferior y no a su yo superior.
Ella supo que, volviendo al trabajo, evolucionando, siendo feliz y más vital sería más fuerte y que transmitiría su fuerza a su marido, aunque él no lo creyera así de momento. Sabía que, al nivel de su alma, el mayor regalo que le podría hacer era ser mejor, porque eso le dejaría libre para ser también mejor. Se dio cuenta de que, cada vez que retenemos a una persona, nos estamos reteniendo a nosotros mismos y, en su esfuerzo por retenerla, su marido estaba trabando su propio camino. Así que empezó a trabajar.

Él no estaba contento con su decisión, objetó ruidosamente y le dio muchas razones por las que su empeño saldría mal. Le hizo su trabajo difícil, quejándose continuamente y no ayudándola de modo alguno. Ella no dejó de recordar que estaba sirviendo su alma y que, si uno de ellos lograra avanzar hacia un nuevo nivel de fuerza personal y propósitos ulteriores, también ayudaría al otro a lograrlo. Todavía había momentos en los que se sentía egoísta por ir a trabajar pero la alegría que le daba su aprendizaje la hacía sentir tan viva que supo que no podía sacrificar esta vitalidad sin perder su amor por sí misma o por él.
Eventualmente, pudieron emplear parte de sus ingresos para saldar deudas y tomar unas largamente necesitadas y aplazadas vacaciones. Él dejó de quejarse de su trabajo y hasta empezaron a gustarle los cambios en sus vidas. Pudo gastar dinero en una afición a la que deseaba dedicarse y se sentía cada vez más vivo.
Unos años más tarde, decidió dejar su trabajo, que durante largo tiempo no le había gustado, y empezar un negocio propio. Aunque corría un riesgo y se tendría que conformar con ingresos menores al principio, pudo hacerlo porque el salario de ella, combinado con
un préstamo, era suficiente para lanzar su empresa. La voluntad de la mujer de emprender su propio camino, hizo posible que, eventualmente, él también emprendiera el suyo. El compromiso de su esposa con la vida, les hizo sentir más vivos a los dos.
Me comprometo con mi camino.

Elijo la vitalidad y la evolución.

Empezando a recorrer el camino de la vitalidad y la evolución, quizás encuentres resistencias en las personas que te rodean. La decisión de cambiar y crecer suele parecer
amenazadora a los allegados. Temen perder tu amor. En vez de sentirte amenazado por sus resistencias, envíales más amor y compasión.

Extraído del libro «Cómo crear dinero» de Sanaya Roman y Duane Parker.

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