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Conectar con Dios para ser feliz

Conectar con Dios - El ritual de la felicidadHablar de Dios es difícil, porque hay muchos conceptos preconcebidos acerca de lo que significa «Dios» y de como relacionarse con ese ser, entidad, energía, persona, Padre o quien sabe la cantidad de formas que hay para referirse al Ser Supremo que todo lo llena y que sabemos o intuimos que está ahí y que de alguna manera nosotros formamos parte.

Así que quitando prejuicios me referiré a Él – Ella – Ello como Dios.

Hay muchas formas de conectar con Dios, con Todo lo que es, con la fuente infinita que lo llena todo…

La primera y principal es siendo consciente de que somos Uno con Dios. Que nuestro Ser más profundo es una unidad inseparable con el Todo.
Esto es fácil de decir pero difícil de creer. Porque el ser humano natural ha bloqueado esta conexión y si no se recibe una comprensión acerca de cómo conectar, el hombre natural se hace bruto y más animal que hombre.
Como el Maestro Yeshúa dijo: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”
Es el conocimiento de la verdad lo que verdaderamente libera, no la existencia de la verdad. Esto de “conocer” implica un entrenamiento, una disciplina. Porque en un momento dado de la vida, de pronto se te ilumina un concepto de la Verdad y uno toma la decisión de seguir cierto rumbo, pero a partir de ahí hay mucho por descubrir y por poner en práctica.

A medida que el ser humano va siendo más consciente de su verdadero Ser, se hace más poderoso, más creador, más dueño de su supuesta realidad.

Para poder conectar con Dios se nos ofrecen muchas formas naturales que nos permiten entrar en esa disposición de recibir de la Fuente la energía necesaria para sanar, para liberar, para romper lazos, para corregir ideas erróneas… Por ejemplo:

La meditación.

Meditar es entrar en un lugar de reposo de los pensamientos. Callar la afanosa mente y conectar con la respiración de uno mismo, con el movimiento oscilante de energías que entran y salen de la realidad humana a la realidad del Todo. Constantemente estamos entrando y saliendo de la Potencialidad Pura a la realidad física. Ese entrar y salir se hace poderoso cuando conscientemente tomamos de la energía de la Potencialidad Pura y la traemos a la realidad humana.

La oración.

Relacionarse con Dios como si de un Padre se tratara, es una forma muy sencilla para que nuestra mente humana pueda participar de esa relación. Para muchas personas esta es la mejor manera de ver a Dios y no necesitan comprender ni investigar acerca de lo abstracto. Cuando yo estoy saturado de información y veo que hay tantas ideas acerca de Dios, siempre vuelvo a mis bases cristianas y charlo con Dios como si fuera un Padre sabio, justo, bondadoso. Es sencillo. Es poderoso, es liberador.

Vivir el ahora.

Hay un poder infinito en la decisión y aplicación de disfrutar del momento presente. El presente es lo único que hay. El pasado no existe y el futuro es incierto. Solo podemos vivir el presente. Esto no significa ser un irresponsable y no planificar, significa disfrutar del ahora y vivir la vida con el propósito de ser feliz.
Yo siempre pongo el ejemplo del maquinista que conduce un tren de gran tonelaje. Tiene que empezar a frenar muchos kilómetros antes de llegar a la estación. No puede ser un irresponsable y decir, “bueno, ya frenaré cuando llegue a la estación” ni tampoco estar todo el viaje preocupado por si los frenos funcionarán.

El desapego.

Una de las ataduras más fuertes a esta supuesta realidad es el apego a los resultados, a mi verdad, a mis deseos… Las expectativas de ciertos resultados o ciertos comportamientos en los demás es una de las principales causas de ruptura o división. Liberarse del apego es muy difícil, pero es una puerta increíblemente poderosa para conectar con el Ser.

 

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Libre, poderoso, capaz.

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Se libre de las ataduras de los dogmas y las creencias limitantes.
Ama ser una persona espiritual amando a tu prójimo como a ti mismo y entonces,
Vivirás de tal manera, que haciendo la voluntad de Dios, harás lo que verdaderamente te gusta.
Disfrutarás con tu trabajo, tu familia y tu comunidad sin  estrés y de forma sosegada.
La voluntad de Dios y la tuya trabajarán en perfecta unidad  porque somos UNO.
El deseo de tu alma y el deseo de tu mente trabajarán en armonía.
Pide estar cada día lleno del Espíritu Santo, y vivir bajo la armonía con todo el mundo.
Se humilde.
No pienses de ti menos de lo que es verdad.

El «karma» o la ley de causa y efecto.

El «karma» es a la vez la acción y la consecuencia de esa acción; es causa y efecto al mismo tiempo, porque toda acción genera una fuerza de energía que vuelve a nosotros de igual manera. No es desconocida la ley del karma; todo el mundo ha oído la expresión «Cosechamos lo que sembramos». Es obvio que si deseamos crear felicidad en nuestra vida, debemos aprender a sembrar las semillas de la felicidad. Así, el karma entraña la acción que resulta de las decisiones conscientes.

En esencia, todos somos escogedores de opciones infinitas. En todo momento de nuestra existencia estamos en el campo de todas las posibilidades, donde tenemos acceso a un número infinito de opciones. Algunas de estas opciones se escogen conscientemente, mientras que otras se eligen inconscientemente. Pero la mejor manera de comprender y utilizar al máximo la ley kármica es que seamos conscientes de las decisiones que tomamos en todo momento.
Sea que nos guste o no nos guste, todo lo que está sucediendo en este momento es producto de las decisiones que tomamos en el pasado. Infortunadamente, muchos de nosotros escogemos inconscientemente, y, por tanto, no nos damos cuenta de que estamos frente a un abanico de opciones; sin embargo, lo estamos

Deepak Chopra, en su libro «Las 7 leyes espirituales del éxito».

Este es un libro que recomiendo en otro post, titulado vivir amando, que puedes ver aquí.

Como todo el material de Deepak (y de cualquier autor de la Nueva Espiritualidad o Nuevo Pensamiento Espiritual), es un libro que debe aplicarse según la experiencia de cada uno y en virtud de la revelación que cada cual tiene en su propio corazón.

 

 

Cómo librarse del rencor

El temor, la crítica, la condenación, el rencor… destruyen. Además impiden que se realicen nuestros sueños.

Si nuestras oraciones no están siendo contestadas, es muy probable que aún estemos guardando rencor hacia alguien o hacia algo como una institución, una religión, un recuerdo, algo. Si vemos que no se acaba de quitar el temor, la tristeza, el desánimo, casi con certeza, que es porque hay algo que no hemos perdonado totalmente.

Para poder perdonar verdaderamente algo «imposible» de perdonar se necesita ser consciente de la naturaleza divina de uno mismo o pedir ayuda a la divinidad para suplir la falta de fe o conocimiento de mi Yo Superior.

Si es así, podemos hacer este tratamiento: “Espíritu Santo, reconozco tu presencia y te pido ayuda. Quiero perdonar a todo el que necesite mi perdón y a mí mismo. Sé que en el plano espiritual no hay nada que perdonar y que el rencor solo está en mi mente, pero perdono porque así  es como llego a ser uno con Dios. Gracias Padre-Madre que siempre oyes mis oraciones.”

Ya vimos anteriormente que perdonar no significa permanecer en el lugar ni con las personas que nos hacen daño; significa no guardar rencor.

Cómo vencer la culpabilidad

Cuando te veas que empiezas a sentir culpabilidad no le dejes que siga. Puedes decir algo así:

“Reconozco mi error, pero no me siento culpable porque se que estoy encerrado en un cuerpo imperfecto que nunca jamás alcanzará la perfección y que continuamente estará equivocándose y cometiendo errores hasta que se muera. Mi yo verdadero, el eterno, el yo Cristo, es uno perfecto con Dios. Estoy encerrado en esta capa de consciencia terrenal que me hace pensar que estoy alejado de Él y quiere creer que es un ser independiente y libre, que prefiere alimentar su ego e ignorar cuál es su fin. Pero he comprendido que yo no soy este que ven los demás, aquel/ aquella, que veo en el espejo. Como Jesús el hijo del hombre, yo también soy uno con Cristo, el Hijo de Dios.”

El propósito de esta oración es, en primer lugar liberarnos de la culpabilidad y en segundo lugar, aunque no menos importante, trasladar el Yo Cristo al nivel consciente.

De todos se aprende

De mis hermanos de la Nueva Era he aprendido muchas cosas buenas. Este universo está lleno de energía y sería de tontos no aprovecharlas y tratar, en lo máximo posible, de conocer sus leyes. Es de sabios estar en armonía con la naturaleza, tener un buen karma y no preocuparse por el pecado. Y especialmente esto último es muy necesario, pues el preocuparse tanto del pecado, ha producido y produce solamente una inconsciencia de culpabilidad la cual es la fuerza que transforma esta creación y la ha convertido en lo que vemos hoy día.

Estoy muy agradecido por la Nueva Era pues está animando a la gente hacia lo espiritual y a alejarse de la religión.