Todo es vanidad debajo del sol


El nombre de “Nuevo Pensamiento Bíblico” surge por la influencia de la filosofía del Nuevo Pensamiento, movimiento iniciado a principios del 1900, en un hombre con experiencia en diferentes religiones cristianas. Este hombre, el fundador del Nuevo Pensamiento Bíblico, fue primero católico, después ateo, más tarde y por un breve tiempo tuvo relación con un grupo de testigos de Jehová sin llegar a integrarse, luego fue pasando por distintas denominaciones evangélicas según su mente se abría a nuevas revelaciones. Porque, para quien no lo sepa, dentro del mundo evangélico hay distintos niveles de aceptación de lo que el Espíritu Santo puede hacer en las personas y en los milagros.
 Cabe decir que en estos cambios hubo mucho  de inmadurez, orgullo, rebeldía por mi parte, claro, pero también mucha hambre de revelación.

Especialmente en el deseo de abrir la mente a las nuevas enseñanzas que el Espíritu Santo está revelando en estos días y que tan claramente veo ahora,  que,  difícilmente pueden encajar en la tradición cristiana.

Por eso el Nuevo Pensamiento es  bíblico porque pienso que la Biblia es revelación de Dios y  aunque los hombres pelean entre ellos por su interpretación y es muy posible que ha sido manipulada (no seamos ingenuos, ya sabemos como las gastaban antiguamente los que mandaban, estamos en el siglo XXI y han tratado de manipular la Wikipedia!), esto no es un problema para quien no basa su fe en la interpretación de un libro, sino en el regalo del Espíritu Santo que revela toda la verdad a cada cual en particular si de corazón se lo pide (y no teme lo que le va a contar;-)

Se que a mis hermanos de la Nueva Era no les gusta mucho la palabra “Biblia” aunque yo, personalmente,  estoy muy agradecido por la Nueva Era pues enseña a la gente a buscar lo espiritual, y aunque no comparto todos sus postulados, si hay alguien capaz de enumerarlos (risas), yo les invito a buscar la enseñanza independiente que hay en ella.

En el Nuevo Pensamiento Bíblico, enseñamos que Dios es Uno aunque se manifiesta con distintas personas. Que hubo una gran división en los cielos y se formó el universo que ahora vemos.  En esa división surgió un ente, una fuerza poderosa que trata que la división permanezca y que el ser humano, proyección onírica de la mente dividida, no sea conscientes de quien es realmente, y si llegase a ser consciente de la existencia de Dios, al menos que siga pensando que está separado de Dios.

El Espíritu Santo, que es Cristo, trabaja en dirección contraria, tratando que seamos conscientes que en realidad, nunca hemos dejado de ser parte de Dios. Si es que en el Cielo se puede hablar de partes, pues solo hay unidad.

El Propósito último de esta “existencia” nuestra, no es la vida en sí, ni las metas que uno se propone, ni las relaciones familiares… sino el regreso al Padre, mejor dicho, la consciencia de que nunca hubo tal separación.

Este universo es como una cortina de humo, como la proyección de una película,  más parecido a un sueño que a una realidad. Como dijo el sabio Salomón en su vejez, “todo es vanidad debajo del sol”. Vanidad no solo es engreimiento, también es fútil esfuerzo, ilusión, ficción, fantasía. Esta vida es un sueño, créelo.

Salimos del sueño cuando despertamos. Como resulta que, más que un sueño es una pesadilla, sueños más ligeros van reemplazando al sueño pesado y difícil, por lo que el despertar suele ser lento y de larga duración ocupando multitud de vidas y encarnaciones.

Perdonar las cosas y las personas que nos hacen daño, es la vía de salida. Cada situación que he de perdonar, solo es una proyección de una parte de mí mismo que ha de ser sanada. Cuando perdono elijo la manera de pensar del Espíritu Santo. Cuando elijo pensar como el Espíritu Santo me hago más uno con Cristo y cada vez soy más consciente de mi unidad con Dios. Elegir perdonar es aceptar a Cristo en tu vida.

 Cristo se hizo hombre en Jesús y nos demostró el perdón y como éste le llevó a  la resurrección.

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