Una cortina de humo


Casi en todas las culturas antiguas, cuando la gente se tomaba tiempo para estar tranquilo, encontraron que hay una energía en el ser humano contra la que ninguna fuerza puede competir. Algunos la definen como algún tipo de energía cósmica, y otros de carácter divino.

Nuestra enseñanza es que lo único que existe realmente, es justamente ese ser interior que en un momento dado pensó que podría vivir un poco más independientemente de Dios y conocer la ciencia de las dualidades. Entonces sufrió una aparente separación de Dios. Aunque se le ofreció la oportunidad de regresar a Dios, cuando se le pregunto ¿qué has hecho?, (pues Dios sabía perfectamente lo que había hecho y le estaba  dando la oportunidad que asumiera sus responsabilidades y solicitara la correspondiente corrección) el ser creado decidió que no estaba tan mal esto de la independencia, el poder tener el conocimiento del bien y del mal y experimentar y conocer las demás dualidades por sí mismo. Esto acarreó la transformación del Universo en el modelo dual y físico-químico que ahora conocemos y que sigue degenerando.

Este ser es el padre de todas las personas y al igual que se hereda la genética original, se hereda la mente original. Por eso muchos pensadores ven que existe una única mente y que no estamos tan separados unos de otros.

Esta mente adánica tiene un profundo sentimiento de culpabilidad al haber sido el causante de toda esta separación, la cual (la culpabilidad) origina todo este caos, injusticias y destrucción, pero a la vez le gusta este modelo dual independiente y además, se ha oscurecido tanto, que ya no desea regresar a Dios. Se ha hecho fuerte, tiene poder y se ha aliado con la tercera parte de los habitantes del Cielo que se revelaron contra Dios.

Paralelamente al momento de la separación, el Espíritu Santo (o Cristo que son el mismo, solo que el Espíritu es abstracto y Cristo es concreto) preparó un plan para el regreso del ser que aparentemente se separó, digo aparentemente porque en realidad no se separó, pues Dios no puede dividirse.

Así ahora nosotros pensamos que tenemos una vida y muchas cosas para hacer y vemos esta existencia como algo único e irrepetible, pero lo cierto es que esta forma material de la que estamos envueltos solo es una cortina de humo para que no pensemos en regresar a Dios.  Pero a la vez, es el soporte para que podamos experimentar el perdonar que es el mecanismo por el que nos reunimos con Cristo lo cual nos devolverá a casa.

Cuando nació Jesús, lo hizo de una forma especial, solo de mujer, para que no heredara la mente adánica, pues por lo visto ésta se transmite solo por el hombre y no por la mujer. De esta forma Jesús sería un hombre limpio y no tendría que pasar por todo el proceso de limpiarse de la mente adánica. De esta forma y por el trabajo del Espíritu Santo, Jesús experimento la unidad con Cristo de forma perfecta.

El propósito de su venida fue la de establecer lo que en palabras modernas se llamaría una amnistía general. Los hombres pueden regresar a Dios solo por la gracia, sin merecerlo. El estricto cumplimento de las leyes divinas ya no sería imprescindible para poder relacionarse y tener comunión con Dios. Una nueva consciencia está a disposición de los seres humanos con la que pueden renovar su mente adánica y sustituirla por la mente de Cristo o mente crística. El Reino de Los Cielos se instala ahora en la mente, alma, corazón, de los que lo desean.

la apariencia humana es mucho más parecido a un sueño o película que a la realidad, que, aunque es real para nosotros, solo es un complejo conglomerado de energías dando vueltas unas alrededor de otras y vibrando tan rápido que tienen apariencia de solidez. Una especie de truco mental para mantener la mente ocupada en cosas vanas y evitar que sea consciente de que en realidad salió de Dios.

Esta forma humana actual no es la forma creada por Dios al principio, pero permite  a la mente separada de Dios experimentar situaciones en las que debe perdonar, las cuales la sanarán y reconciliarán con Dios. La mente que decide perdonar, va sanando y tarde o temprano volverá a ser consciente de la obra y existencia de Dios y el trabajo de su Hijo Unigénito, Cristo.

Este mundo con sus dualidades, sus leyes físicas y no tan físicas, sus injusticias y sus placeres, aunque es el producto de una mente enferma, es el lugar idóneo para la salvación del alma. Así es Dios.

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